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02. Los primeros años como deportista profesional

  • Foto del escritor: Leonor Guarnizo de la Torre
    Leonor Guarnizo de la Torre
  • 26 may 2023
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 2 jun 2023

El cambio de chip solo unos pocos lo notan. Ese gusanillo de querer ir a más, de buscar más que un pasatiempo o una actividad extracurricular. No todos los deportistas desarrollan su lado competitivo, ese hambre de medallas, triunfos y reconocimiento. El pasar de ser amateur a profesional es un cambio que solo unos pocos deciden tomar. No todo el mundo vale, igual que no todo el mundo vale para ser policía, bombero, astronauta o camarero. No todos los deportistas tienen la valentía para dedicar toda su vida al deporte que practican, pues puede que ese deporte sea su pasión, pero se convertirá en su trabajo. No es un cambio sencillo, y no es una decisión que se tome de un día para otro.

El cambio de mentalidad y la transición en cuanto a entrenamientos puede tardar un año. Hay que tener en cuenta que competir en el colegio no es lo mismo que enfrentarse a atletas que dedican su cuerpo y alma al deporte. De entrenar a lo mejor dos horas cada tres días, pasan a entrar cinco horas diarias o más, un cambio muy brusco al cual hay que adaptarse para desarrollar una rutina. Por este motivo, muchos deportistas profesionales durante sus primeros años parecen no estar al nivel de la categoría superior. Es entendible porque es diferente a tomarte el deporte como un pasatiempo al tener que despertar tu lado competitivo y cambiar la mentalidad. “Ya no es un juego de niños”, como expresó Saleta Fernández al describir este cambio. Cuando el deportista decide ser deportista de alto rendimiento, es cuando suena el pistoletazo de salida que da comienzo a su carrera como profesional.

El principio del cambio es la necesidad de cambiar los entrenamientos, de echar más horas entrenando y pulir la técnica base. Toca, a su vez, entrenar las condiciones de competición para prepararse cuando lleguen las grandes citas. Por ejemplo, Inés Martinón cuando hizo el cambio comenzó a entrenar el doble e intentaba replicar el ambiente de competición. En vez de descargar un cargador, ahora dispara más de 100 tiros al día. También prefiere tener ruido en los entrenamientos, y ella misma dice que cuando va a las instalaciones de tiro: “Nunca guardo silencio, porque sé que en las competiciones no se guarda, así te acostumbras”.


Ander Mirambell entrenando en el periodo de verano en la pista de atletismo / Imagen del Instagram de Ander Mirambell

Cuando Ander Mirambell hizo este cambio y comenzó a practicar el skeleton como profesional, vio como aumentaban drásticamente las horas que necesitaba dedicarle a su preparación. A este aumento de horas de entrenamiento le sumó el minucioso análisis de cada circuito para saber la bajada de memoria y no fallar en la competición. Dejan de ser entrenamientos físicos o prácticas, pasan a haber sesiones tácticas, las cuales cuando era un pasatiempo no se daban. Le ocurrió exactamente igual a Claudia Leal, jugadora de bádminton por parejas en dobles y mixtos, que al hacer el cambio el entrenamiento se intensificó para estar a la altura de los rivales. Antes practicaba 20 veces el golpeo en red, pero eso era suficiente a nivel amateur, a nivel de élite las repeticiones pasan a ser 100 por golpeo en cada sesión.


Otro cambio que sufre el deportista al dar el salto es la presión de mejorar cada día. Cuando eres amateur no importa ganar, lo que cuenta es participar. Pero este pensamiento se elimina al llegar al alto rendimiento. La presión de no fallar a la hora de la verdad, la de hacer sentir orgulloso al equipo técnico y la de demostrarse a uno mismo su potencial propio aparece. Ser profesional no es únicamente competir contra rivales de primer nivel y ganar, ni tampoco es echar más horas en el gimnasio o en la pista. Eso es solo el 50% de lo que significa convertirse en deportista de alto rendimiento. Para Sergio Sánchez, ex profesional de Taekwondo y ahora director del gimnasio WONs de taekwondo, este salto de amateur a profesional se debería de tomar a partir de los 17 o 18 años, y nunca antes por la dificultad que conlleva estar en la elite.


Claudia Leal compitiendo en el Oviedo tras mudarse para perseguir su sueño / Imagen obtenida del Instagram de Claudia Leal

Todo el mundo piensa en lo duro que son los entrenamientos, pero hay más que ocurre en el vestuario y el espectador no ve reflejado en la competición. El cambio es un cambio de vida, ser profesional es adoptar un nuevo estilo de vida. Algunos se deben de trasladar y alejarse de su núcleo familiar, como le ocurrió a Claudia Leal, quien se mudó junto con su hermano para perseguir la posibilidad de ser profesional en el bádminton. Y, en muchas ocasiones, este sacrificio inicial de mudarse para perseguir el sueño es buscar una posibilidad de poder alcanzarlo, no una realidad.



Los primeros años son de prueba, al final es un proyecto a futuro, puede salir bien o terminarse en un par de temporadas. Hay deportistas que deciden dar el salto, y tras los primeros años de estar en la élite se bajan de ese tren para coger otro camino. La primera razón es la carga que conlleva adoptar el estilo de vida de un deportista profesional, en el cual el deporte se vuelve la prioridad número uno. La vida del atleta de élite gira en torno al deporte que practica. No hay tiempo libre para salir con los amigos, estar con la familia, ni dedicarle el mismo tiempo a los estudios que un estudiante normal. Muchos cambios que poco a poco se van tomando, y conforme pasan el deportista decide si continuar o dar un paso a atrás y retirarse.

Sergi Sánchez en su faceta de maestro de taekwondo en una ceremonia de cambio de cinturón / Imagen obtenida del Instagram de Sergi Sánchez

Para Sergio Sánchez estos primeros años le dieron gran satisfacción, pero no le llenaron lo suficiente para continuar siendo profesional. Las ayudas económicas no eran las esperadas, la presión cada vez era más alta, y luego los asuntos burocráticos le llevo a tomar la decisión de buscar otro camino paralelo. Sigue ligado al taekwondo, pero no como profesional. Es maestro y director de su propio gimnasio de taekwondo en Barcelona. Este es un caso que demuestra como el deporte de élite no es para todo el mundo. Como Sergi hay muchos, las cifras lo ejemplifican, de lo contrario en España habría miles de futbolistas, nadadores, jugadores de tenis, etc. Sin embargo, solo un porcentaje mínimo puede llegar a decir que es profesional y que se gana la vida practicando el deporte que le apasiona.


Puertas hacia fuera, todo el mundo les admira, incluso, se sueña con tener sus vidas por la fama y el dinero. Puertas hacia adentro, cuando estás al otro lado y conoces realmente el sacrificio que implica ser deportista profesional, la cosa cambia y ya no es oro todo lo que reluce. Quien conoce todo lo que conlleva competir al nivel del alto rendimiento, y ganarte la vida con un deporte, se lo plantea mucho. Naia Layana, quien ha practicado 10 años gimnasia rítmica, nunca vio la posibilidad ni valoró el formar parte de la élite en la gimnasia porque no le atraían todos los sacrificios que hubiese tenido que hacer. Estaba federada, pero no quería dedicar su vida al deporte. A Andreu Calden le ocurrió lo mismo, incluso, él llegó a competir en campeonatos de natación con su club. Pero, como ocurre en más del 60% de las ocasiones, se bajó del tren para tomar otro que le llevase al destino de ir a la universidad y convertirse en ingeniero.


Jorge Jodar es otro caso más, otro deportista amateur que a la hora de decidir, aun sabiendo que tenía talento para jugar al baloncesto y la altura necesaria, cogió otro camino. Él sigue compitiendo con un club de un municipio en Valencia, pero ser profesional nunca ha sido su intención porque prefirió ir a la universidad y tomarse el baloncesto como una actividad más. Diego Medel, quien ha competido en cross a nivel profesional y competido al lado de ahora grandes corredores, también dejo pasar el tren aun habiendo invertido varios años de su vida. Actualmente, ya se ha alejado del atletismo de campo y se ha graduado en Relaciones Internacionales, dejando atrás sus años como deportista.


Como Naia, Jorge, Andreu, Diego hay muchos más. Y, aunque cada uno tiene su historia, el punto común para abandonar es saber el sacrificio que implica ser profesional. Estar arriba y vivir de un deporte es deberse a la disciplina que practicas en cuerpo y mente. Pasas a vivir por y para el deporte. Los primeros años es donde se aprecia como el estilo de vida cambia, y lentamente el deporte se convierte en el día a día de la persona. Pasas a hablar con tus familiares de los entrenamientos cada vez que los ves, en vez de preguntarles qué tal su día. El círculo de amistad se cierra a los compañeros de entrenamiento porque ellos entienden los sacrificios y llevan el mismo ritmo de vida. El día a día se convierte en levantarse para ir a entrenar, comer una dieta específica pensada para cargar de energía el cuerpo para rendir, visualizar tanto los entrenamientos como competiciones para saber donde están los fallos, y a dormir para estar fresco el siguiente día.


Son pequeños detalles que a la vista pasan desapercibidos, más cuando no los vives en primera persona. Sin embargo, son la línea que separa a un deportista de élite de uno amateur. Cambios que se establecen en los primeros años y que van a estar presentes a lo largo de toda la trayectoria deportiva del atleta. Muchos abandonan porque antes de dar el cambio hay que estar muy seguro de querer empezar esta vida tan sacrificada.

 
 
 

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