06. Gestionar el éxito
- Leonor Guarnizo de la Torre

- 27 may 2023
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 2 jun 2023
En el camino llega el éxito tarde o temprano, de una manera u otra, en pequeñas dosis o a lo grande. A lo largo de toda la trayectoria de un deportista el éxito le va a llegar, pero hay que saber que el éxito se presenta de diferentes formas. No siempre es una medalla, depende de las metas de cada uno, pero lo que sí que debería de ser igual para todos es la gestión de ese éxito.
En el día a día se tienen que gestionar las emociones. Hay momentos en los que hay que bajar a tierra porque no se puede vivir colmado de éxito todo el día, esto repercutiría en el ego de la persona haciéndole creer superior o vivir por encima de las posibilidades de uno. Cuando te toca el euromillón sientes una euforia incomparable, ves tantos ceros que te nublas y lo único que se piensa es en gastar. Cuando tienes un trabajo con un gran sueldo parece no haber límite de gasto, y hay gente que acaba viviendo por encima de sus expectativas, quienes luego acaban arruinados, como les ha ocurrido a varios jugadores de la NBA. Esto sucede porque no se sabe gestionar el éxito, pues está el momento de subida, pero luego viene la bajada, y siempre ocurre este ciclo. Nunca nadie se mantiene en la cresta de ola de por vida.
El fracaso se gestiona de otra manera. Cuando uno se cae, lo que hace es sacudirse y a remontar. La diferencia es que uno conoce lo que es tocar fondo más rápido, ya que es más probable que al principio se fracase. Cuando un deportista cuyo objetivo era clasificarse, y por equis no llega a ese objetivo, el deportista sabe que ha fallado, que es un fracaso no clasificarse. Sabe en qué puntos debe mejorar porque entiende que lo ha hecho mal. A partir de ese punto se gestiona la cabeza para que no vuelva a suceder. Por ejemplo, si ha sido por desconcentración a la próxima, se va a concentrar y va a aislarse de lo que ocurra a su alrededor. Cuando ha sido porque no ha medido bien al rival, la próxima vez que se vuelva a enfrentar cara a cara a él va a salir por donde llevarle. Cuando te caes sabes los motivos, puedes descifrarlos y trabajar sobre ellos para crecer.
Al contrario, el estar arriba, que todo salga bien, y que parezca que no hay fallos, es más difícil gestionar. En esta situación te cuestionas si es suerte, si es algo especial que se va a dar una vez, si es real y verdaderamente has ganado porque te lo mereces, empiezas también a pensar que cuando va a venir la caída, etc. Entra la inseguridad en uno mismo. Ocurre lo mismo en el ámbito académico, que aunque estudies y lo prepares, cuando empiezas a sacar buenas notas, de primeras choca. El primer pensamiento que se te viene cuando llega el éxito es: “¿es real?”. Esto sucede porque cuando llega el éxito, no se visualiza en el primer instante el trabajo que hay detrás, lo primero es cuestionar si el motivo es suerte o no.

Por ejemplo, Marcus Cooper al ganar el oro contra todo pronóstico al principio pensó que había sido porque algo especial ocurrió en ese momento. Y es que su salida no fue ni mucho menos la mejor de su carrera, pero algo a mitad carrera le hizo apretar. En el momento de cruzar la meta miró a todos lados y vio que era campeón olímpico, lo celebró y sus palabras eran que no se lo creía. Pero detrás de ese momento hay una preparación física y mental, un recorrido que le hizo alcanzar la medalla, no fue cosa de suerte. Por eso, Marcus Cooper dice que el mejor consejo que ha recibido es el de su entrenador diciéndole que “aprendiese a gestionar el éxito”.
Puede que las medallas lleguen competición tras competición, que cada vez que el deportista compita gane, es posible que se den estas estadísticas. No son sueños, solo hay que ver la trayectoria de grandes deportistas que han marcado un antes y un después en sus disciplinas como Michael Phelps, Usain Bolt, Rafa Nadal, Stephen Curry, Lebron James, etc. Deportistas que están bañados en oro, y no por suerte, al contrario, por esfuerzo y dedicación. No es solamente talento para el deporte, el atleta que consigue éxito tras éxito es porque se queda y entrena una hora más para pulir sus puntos débiles si hace falta. Hay que saber estar en lo alto, saber sobrellevarlo. No solo calmar las inseguridades y los pensamientos negativos, también la presión de ser el mejor.
“La presión está, siempre quieres igualar o mejorar, y no defraudar. Pero hay que saber centrarse”, son las palabras de Ángel Fernández, jugador de la selección de balonmano que sabe lo que es vivir un partido de infarto. A Saleta Fernández esta presión tampoco le afecta, porque para ella lo que cuenta es lo que demuestres estando en la pista y lo buen salto que hagas, no lo que la gente diga. Inés Martinón comenta que los nervios están, pero que sabe lidiar con ellos aislándose y centrándose en cada disparo por separado. Ya ni le molesta el ruido a su alrededor, ni las distracciones que se generan en las competiciones de tiro, sabe que si quiere llegar a ser un referente tiene que saber lidiar con toda esa mochila. Claudia Leal tiene una opinión similar al resto de compañeros, que la presión de querer más es real, pero que no resta, suma porque te hace estar a tu mejor nivel. Tanto para Ander Mirambell como para Sergi Sánchez, el éxito es una fase más para el deportista, y ambos enseñan a sus alumnos a disminuir nervios y controlar la presión, sobre todo, cuando vienen de ganar. Porque en la vida del deportista ganar una vez no implica que siempre se vaya a ganar.
Un año el deportista puede colmarse de oros como le ocurrió a Carolina Marín en el 2016, que consiguió la corona, Europeo, Mundial y Olimpiadas, pero a la siguiente temporada puede que te quedes fuera. Garbiñe Muguruza también sabe lo que es vivir altibajos, una temporada de éxitos y otra de fracasos. De ahí que muchos deportistas cada temporada hagan borrón y cuenta nueva en cuanto a objetivos, como le ocurre a Isabel Sánchez-Arán, que sabe que cada inmersión es un mundo y en cada una de ellas tiene que haberse preparado al detalle. El deportista realmente no puede comparar un año con otro, ni siquiera una competición con otra. La comparación es uno de los males del deportista, porque te crea expectativas, y en la mayoría de ocasiones ir con expectativas aumenta la presión y las dudas en competición, haciendo que el deportista pueda bloquearse.

Para estar arriba hay que tener templanza, humildad, respeto, y cabeza para bajar la euforia de cuando ganas y subir el ánimo cuando pierdes. El éxito llega, pero se esfuma más rápido de lo que viene. Hay que saber gestionarlo, tener claro que para volver a alcanzarlo hay que volver a empezar de cero, igual que cuando ganas la partida al Mario Bros, donde al ganar la partida se acaba y cuando se vuelve a jugar el personaje está en el principio. En el deporte ocurre exactamente lo mismo, y el deportista tiene que estar preparado para afrontar esta dificultad. Tiene que saber que cada campeonato, cada temporada, es una partida nueva donde el éxito puede alcanzarse o no. En el caso de que se alcance, hay que saborearlo en una dosis pequeña, porque en cuanto pase el día de la victoria la partida se habrá reseteado. Además, una victoria no te hace ser el mejor del mundo, eso se refleja en una trayectoria deportiva entera.




Comentarios